LA CONDUCTA ANTISOCIAL

La conducta antisocial se refiere a cualquier conducta que refleje el infringir reglas sociales y/o una acción contra los demás. Incluyen una amplia gama de actividades: Agresividad, hurtos, vandalismo, piromanía, mentira, absentismo escolar y huidas de casa, así como cualquier actividad contra el entorno -personas o propiedades-.

Las conductas antisociales van a variar en función de la edad y el sexo.

Se define la aparición de las características de las conductas en función de la intensidad y de su frecuencia, así como la repetición de tales conductas y su cronicidad. Estas conductas pueden incluirse a nivel general como incontrolables y exteriorizables. Al ser detectadas en el seno familiar muchos niños pueden llegar a ser tratados clínicamente -atención sanitaria-, o bien si se exteriorizan en contra de otros, pueden ser detectados a nivel judicial -forma de conductas delictivas-.

La diferencia en la aparición de estas conductas entre sexos es bastante notable. Evaluando la conducta antisocial mediante autoinformes se encontró que este tipo de conductas aparecen al menos tres veces más entre chicos que en chicas.

El trastorno de conducta está definido por la aparición de peleas, rabietas, absentismo escolar, destrucción de la propiedad, desafiar o amenazar a otros... En general, suelen aparecer síntomas relacionados con la hiperactividad: exceso de actividad motriz, agitación, impulsividad, falta de atención. Otros trastornos asociados: alborotos, alardes, culpar a los demás, formas suaves frente a agresiones, hurtos, vandalismo, etc.

Toda esta sintomatología va acompañada de un proceso atributivo y cognitivo, es decir, que van a interpretar a estos chicos como hostiles.

Podemos hablar de una serie de características familiares, de tal forma que las prácticas disciplinarias de padres/madres están asociadas a trastornos de conducta: disciplinas excesivamente duras o relajadas e inconsistentes, poco afecto y poco apoyo emocional, poca participación familiar y patrones comunicativos defensivos. La relación entre padre/madre está caracterizada por infelicidad, conflictos personales y agresiones.


Como síntomas incluidos para el diagnóstico podemos señalar:

1. Absentismo escolar.
2. Escapadas de más de un día, al menos dos veces, cuando se vive en casa.
3. Consumo de alcohol y otras sustancias antes de los 13 años. Consumo reiterado en los últimos seis meses.
4. Sustraer objetos sin enfrentarse a la víctima -ej.: almacenes, casas...-.
5. Destrucción deliberada de la propiedad ajena.
6. Incendiar con intención de causar daño.
7. Forzar la entrada a la casa, edificio o coche ajeno.
8. Iniciar peleas con otros que no viven en casa.
9. Ser cruel con los animales.
10. Ser cruel con las personas.
11. Robar, enfrentándose a la víctima -asaltar, robar bolsos...-.
12. Emplear un arma en más de una ocasión -cuchillo, pistola, ladrillo, botella rota...-.
13. Mantener relaciones sexuales a cambio de dinero, objetos o drogas.
14. Forzar a alguien sexualmente.

(Criterio diagnóstico del DSM IV, APA, 1991)

Para diagnosticar tal conducta como antisocial es necesario que se cumplan, al menos, tres síntomas durante un período de seis meses.

 



LA CONDUCTA AGRESIVA

Nos parece importante hablar de las conductas agresivas y sus diferentes explicaciones:

- La agresión como instinto.
- La frustración-agresión.
- La agresión como conducta aprendida.

Fijémonos en la hipótesis de la frustración-agresión, ya que es una de las teorías más relevantes en psicología Social. Al contemplar y conjugar diferentes perspectivas, sin embargo, no debemos rechazar las otras interpretaciones.

HIPÓTESIS FRUSTRACIÓN-AGRESIÓN (Pollarol y otros, 1939)

Entendemos por frustración la condición que surge cuando la obtención de las metas es bloqueada. La agresión es la acción cuyo fin es hacer daño a algún organismo. La forma de relación es que la frustración siempre conduce a una u otra forma de agresión. El blanco de la agresión puede ser reemplazado.
Los autores de esta hipótesis la modificaron al recibir ésta una serie de críticas. De esta forma, la frustración fue considerada como un estímulo para la agresión.

Berkowitz (1964, 1969, 1974) afirma que tienen que darse una serie de condiciones o señales ambientales apropiadas para la agresión. La frustración genera en el individuo un estado de activación emocional: la ira, de tal forma que produce una disposición interna para la conducta agresiva. Esta disposición sólo tendrá lugar si en la situación existen señales estimulantes que poseen un significado agresivo. Estas señales estimulares pueden ser objetos o personas.

 

 

 

 


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