1.1. La ciudad y el miedo.

 

La sociedad es violenta porque se fomenta la violencia desde intereses personales, económicos y políticos, que conforma un ciclo de opresión, abuso yrepresión.

 

Los Educadores trabajamos habitualmente con personas que son víctimas de esta violencia, y que presenta a nuestro alrededor distintas caretas:


 

- El paro, porque genera frustración, impotencia

 

- El trabajo, cuando la mano de obra es barata o se utilizan menores

 

- El alcoholismo, que hace insoportable la convivencia y el desarrollo armonioso de la familia,

 

- Las drogas, que envenenan la mente antes que las venas.

 

- Los malos tratos

 

- Los medios de comunicación que fomentan el consumismo,

 

- El racismo, la intolerancia, la xenofobia, los prejuicios o el etiquetamiento de los “diferentes”.

 

- La injusticia de la Justicia

 

- La escuela cuando no se adapta a las personas a las que trata de educar

 

- El hábitat urbano cuando está degenerado, contaminado,...

 

 

 

Estas caretas no son sino la imagen de una sola cabeza: una sociedad que hemos construido con cuerpo de acero... pero con pies de barro.

 

 

 

 

 

1.2. Los factores sociales que influyen en el desarrollo de la convivencia.

 

 

 

-La urbanización acelerada (viviendas sociales, especulación...). La ciudad crece rápido pero sin una consecuente dotación de servicios educativos, de salud, de trabajo...

 

-La inseguridad en los barrios (droga, paro, “movida”...). Pero sobre todo es la inseguridad de los más pobres, de los niños y jóvenes. Es lo que llamamos crisis generalizada de nuestra sociedad.

 

-El abandono escolar (por fracaso, por falta de estímulos).

 

-La ausencia de formación profesional.

 

-La competitividad exagerada, fomentada y gratificada.

 

 

 

 

 

1.3. Los factores personales que influyen en el desarrollo armonioso de los más jóvenes.

 

 

-Ausencia de protagonismo. El joven no se siente actor ni protagonista.  De ahí nace su apatía o rechazo de la sociedad.

 

(a modo de anécdota podemos señalar que las “bandas juveniles” son un intento que realizan los jóvenes por ser ellos mismos, por participar y por hacer respetar unas normas que la misma banda impone).

 

-Privaciones materiales (bajo el efecto del bombardeo consumista).

 

-Privaciones afectivas (malas relaciones, convivencia poco cualificada).

 

Todo esto marca la historia personal de lo que cotidianamente conocemos por “el joven de la calle”, que son muchos, pero que detrás de cada uno se esconden mil mundos diferentes: cada uno con su propia historia.


 

 

 

2. LA CALLE

 

¿Qué conocemos por calle?: La calle es el espacio público separado de la vivienda y del espacio privado. Por eso no hay una sola calle, sino muchas y muchos también los espacios: muros, jardines, esquinas, plazas, mercados, estaciones, túneles, vías, campos, soportales, parques, escaleras, terrenos baldíos, construcciones abandonadas... que servirán de territorio temporal para ser utilizados por el joven según las circunstancias.

 

La calle, como espacio de uso público, separado de la vivienda u otros establecimientos privados, tiene sus orígenes en el siglo pasado, ya que en el XVIII todavía calle y vivienda no se distinguían de lo público o privado. Fue la revolución de la burguesía quien creo esa separación, apoyada por las nuevas estructuras sociales y políticas. Los niños y jóvenes no podían permanecer en la calle si no eran acompañados de adultos, aunque los cambios sociales provocaron que para muchos se convirtiera en un lugar de residencia obligada, apropiándose de la calle para uso privado.

 

Hoy, podemos hablar de calles, céntricas y periféricas, urbanizadas o no. Las plazas, jardines, parques, mercados, estaciones de tren y autobuses, metro, muros, escaleras, avenidas, solares, edificios en ruinas... Por tanto, la calle no es un espacio homogéneo y único. Cada uno de estos elementos tiene unas características y unas funciones, ya sean públicas, individuales o sociales:

 

 

-Lugar permanente para «simplemente estar», para consumir un tiempo que «sobra».

 

-Lugar de juego, aventura, encuentro con los «colegas», de intercambio de información y producción de cultura (donde los adolescentes y jóvenes reciben el 80 % de la cultura que incide en su comportamiento).

 

-Para muchos chavales es, además, casi su hogar, donde pasan la mayor parte del día. La calle es para ellos su gran espacio de vida, donde calle y libertad se identifican.

 

-Lugar de consumo desmedido, potenciado por los mass-media («priva», porros, tragaperras, ropa, música). Aún asi, los chavales no viven la calle como un lugar necesariamente negativo, pues sirve para «aprender de la vida».


 

La calle, convertida plenamente en un lugar de consumo sobre todo para los jóvenes: publicidad, escaparates, objetos seductores, letreros luminosos e incitadores, trapicheo..., es testigo mudo del crecimiento de los chavales en un ambiente de reclamo y seducción.

 

El joven acabará utilizando la calle de manera creativa, como estrategia de supervivencia. Aunque no viven la calle como algo negativo para ellos, puede ser:

 

-un medio natural de ganarse la vida (intercambio, producción, venta),

 

-una forma de anonimato, donde los “suyos” no le controlan,

 

-un lugar de permisividad, sin límites.

 
 

Sin duda, un sitio para los que algunos chavales significa “el único espacio”:

 

 

“El  padre de José  nunca estaba en casa, que por otra parte carecía de luz y agua. La madre les había abandonado hace años y su otro hermano también se dedicaba a estar todo el día en la calle. Ambos estuvieron en varios centros de menores sin que consiguieran en ninguno de ellos encauzarles de manera positiva. El pasado año José todavía vendía hachís en la estación de autobuses, lo que le permitía disponer de algún dinero. Nunca le ví fumar, aunque su hermano –según me comentó un policía que le estaba amonestando- fumaba heroína. José ha muerto este año en una pelea tonta, mientras su hermano está en prisión por un robo...”

 

(Diario de un Educador de Calle. Vigo 1998).

 

 

 

 

 

2.1. Del “hogar” (entre comillas) hacia la calle:

 

 

Veamos un ejemplo de cómo se produce este alejamiento del domicilio familiar.

 

Se da de forma progresiva. No hay abandonos súbitos, si no que hay siempre una preparación (o como dice el refrán “pies para que os quiero”):

 

 

“Noelia hablaba con los chavales sobre las palizas que le daba su padre con el cinturón, llegando incluso a enseñarles la espalda para mostrar las secuelas. Ella, siempre tan callada y reservada, un día se fugó. Nadie parecía saber a dónde había ido, el caso es que después de dos días de búsqueda infructuosa por la policía seguía sin dar señales de vida. Entre los amigos había un absoluto mutismo, salvo las referencias que hacían a los malos tratos que había recibido.

 

Después de un día de mucha tensión, con la presencia de la policía, padres y familiares, un Educador hizo las oportunas averiguaciones, consiguiendo al fin encontrarla en una casa abandonada a altas horas de la noche. En su mano tenía una maleta, mientras lloraba y tiritaba de frío. Rogaba que no la entregasen a sus padres...”.

 

 

Podemos afirmar que los jóvenes de la calle se definen en función de los siguientes parámetros, sin ánimos de encasillar o sentar precedentes:

 

1. Viven normalmente en un barrio periférico.

 

2. Las relaciones familiares son escasas o negativas.

 

3. Desarrollan estrategias para sobrevivir y desenvolverse en la calle.

 

4. La calle es el lugar habitual para las relaciones, juegos, fiestas...

 

5. Sufren los peligros del medio (detenciones, riñas, trapicheo, consumo de drogas, estigmatización...).

 

 

 

2.2. Alternativas a la marginación.

 

Un grupo de gente joven –educadores, maestros- decidieron en el 88 organizarse para desarrollar alternativas de trabajo socioeducativo con sectores de población más vulnerable y, al mismo tiempo, contar con el respaldo de la Administración en cuanto a ayudas económicas.

 

En ese trasegar por los barrios entramos en contacto con niños y jóvenes que no tenían otra alternativa más que ver pasar el tiempo o esperar la ocasión para unirse a otros jóvenes para buscar aventuras y nuevas experiencias.

 

Nuestro primer objetivo:

 

-Acercarse a ellos para entablar una comunicación y un encuentro educativo.

 

 

Generando otros objetivos:

 

-Ayudarles a salir de su ambiente de soledad.

 

-Ayudarles a encontrar oportunidades para su desarrollo personal, familiar, social.

 

-Buscar soluciones a las situaciones de marginación.

 


 

3. EL EDUCADOR DE CALLE.

 

Ser Educador es, sobre todo, una actitud ante la vida, una forma de relacionarse, de acompañar, de comprometerse... y capaz de acompañar al otro en la construcción de un proyecto de vida. Así debe ser el Educador de Calle:

 

 

-Un profesional que recorre calles, bares, campos de juego, rincones... en busca de chavales a los que ofrecer amistad, ayuda, apoyo, vivencias, alternativas...

 

-Un profesional que es crítico con la sociedad.

 

-Un adulto cualificado que sirve de referencia a niños y jóvenes, poniendo a su disposición los medios necesarios para que pueda concienciarse de su situación personal y del entorno.

 

-Un Educador social de medio abierto cuyo objetivo son los adolescentes y jóvenes con problemas de inadaptación social, marginación, delincuencia y predelincuencia, utilizando la pedagogía de la relación.

 

-Una persona con vocación solidaria por los niños y jóvenes menos favorecidos que tiene una tarea educativa no formal.

 

-Una persona que se integra en el tejido social de un barrio y en su dinamismo transformador.

 

-Una persona que educa por contacto, que inicia caminos inéditos con el chaval para hallar las respuestas más convenientes.

 

-Un profesional sin horarios, porque las intervenciones educativas se desarrollan con más facilidad en los momentos de ocio.

 

 

«Un trabajador social, cuyo marco de trabajo es fundamentalmente la calle, por ser éste un ámbito esencial de socialización al que no llegan las instituciones. Su acción educadora va dirigida a los niños y jóvenes con problemas de inadaptación social con los que lleva un tratamiento a la vez personal y grupal. Es un adulto que sirve de punto de referencia e identificación al menor y es testigo de la realidad de éste. Su función es facilitarle los medios necesarios para que pueda tomar conciencia de sí mismo y de su situación en el entorno y atender sus demandas más urgentes a todos los niveles, utilizando para ello todos los recursos existentes en la comunidad. Es un punto de conexión entre los jóvenes inadaptados y la comunidad».

 

(V Jornadas Nacionales sobre Inadaptación Social

 

y Recuperación de Menores.  Madrid, 1983).

 

 

 

«Un ciudadano intencionadamente preparado para apoyar procesos evolutivos de niños y adolescentes que tienen especiales dificultades para instalar su vida en áreas aceptables de personalidad individual y colectiva y que, por razones histórico-sociales, realiza este servicio sobre todo en el espacio calle».

 

(Faustino Guerau de Arellano)

 

 

 

 

«La función del Educador de Calle estriba en el contacto con niños y jóvenes del barrio no institucionalizados y que ofrezcan problemas de predelincuencia o delincuencia, con la finalidad de hacer de puente entre el joven y su entorno, permitiéndole así una inserción progresiva y crítica en su mundo sensibilizándolo, además, en los problemas de este último»

 

 

 

«Los Educadores de Calle, relacionados con los servicios de atención a la infancia y adolescencia del barrio, trabajan con adolescentes y jóvenes con problemas de inadaptación, a fin de tratar la delincuencia juvenil. Trabajan en un medio abierto y utilizan las instituciones como apoyo a su labor.»

 

(Quintana Cabanas, José María. «Pedagogía Social». pág. 431.)

 
 

 

Por su parte, Pius Frasnoy (1977), coordinador del Departamento de Prevención de la Delincuencia del área de servicios sociales del Ayuntamiento de Barcelona, afirma que el Educador de Calle:

 

 

«Actuará como elemento catalizador entre los grupos antagónicos: el barrio y el joven.»

 

«Será elemento creador de todos los aspectos: juego, diálogo, actividades».

 

«Acogerá las demandas de los jóvenes y al tiempo las interpretará.»

 

«Hará de referencia tiempo-espacio.»

 

«Se pondrá en contacto con las diversas instituciones del barrio con el fin  de dar a conocer objetivamente la problemática y encontrar pautas y salidas válidas.»

 

«Será elemento activo en las reivindicaciones del barrio con la idea de que solo cambiando éste cambiarán las personas que viven en él».

 

 

«Mediante la implantación del Educador de Calle en los barrios se pretende atender y prevenir la aparición de situaciones de inadaptación». «El Educador de Calle se introduce en el mundo de los chavales, asumiendo su cultura y su problemática, despertando la creatividad a través del juego, el diálogo y las actividades, intentando encontrar alternativas justas a situaciones injustas (reformatorios, cárceles...) e incidiendo sobre sus causas (desarraigo, drogodependencia, paro, problemática familiar o escolar...). Su trabajo se fundamenta en la prevención de la inadaptación, la predelincuencia y las conductas tipificadas como asociales o desviadas, aunque como meta final tiene el lograr la transformación del individuo y la comunidad»

 

(AA.VV.: «Reflexiones de un Educador de Calle». ASETIL, 1996).

 

 

 

«Individuo que trabaja de un modo directo sobre el campo de la marginación y desadaptación. Es una forma concreta del «educador especializado», que responde especialmente a las necesidades que, sobre todo, se crean en la calle»

 

(Cfr. Yagüe J., «Ser educador en la calle» en «Misión Joven» 161, 1990)

 

 

 

Por tanto, el Educador de Calle, será una persona que se implica y complica con los grupos humanos a los que desea apoyar. Por eso:

 

 

-Actuará como elemento catalizador entre el barrio y el joven.

 

-Tendrá que introducirse en el mundo del chaval, asumiendo su propia cultura y su problemática.

 

-Será elemento creador en todos los aspectos: juegos, diálogos, actividades...

 

-Acogerá las demandas de los chavales-as y las interpretará.

 

-Hará de referencia tiempo-espacio.

 

-Se pondrá en contacto con las diferentes instituciones del barrio con el fin de dar a conocer abjetivamente la problemática de los menores y jóvenes y encontrar pautas y salidas válidas.

 

-Será elemento activo en la vida del barrio.

 

-Realizará una educación divertida, sacando recursos pedagógicos de cualquier lugar, sobre todo de la vida diaria.

 

-Ha de ser imaginativo, descolocante, responder con patrones de conducta no habituales, pero con seguridad, cariño, firmeza y flexibilidad.

 


 

 

3.1. El enfoque educativo.

 

 

 

El proceso educativo es doble: no hay unos que ocasionan los problemas y otros que aportan soluciones. La aventura es iniciar juntos un recorrido en pos de respuestas por construir. Pero no se puede ver la realidad marginal infantil y juvenil con los ojos de adulto normalizado y menos utilizar técnicas o patrones provenientes del medio escolar. Por ello, el Educador, se va invistiendo a lo largo de su recorrido como tal de unas características que son inherentes a su tarea:

 

 

 

-Debe actuar con prudencia y equilibrio personal.

 

-Tendrá sentido de la responsabilidad.

 

-Sabrá educar con humor y simpatía.

 

-Trabaja para mejorar la vida en el barrio donde actúa.

 

-No tiene un horario de trabajo laboral fijo.

 

-Tiene que ser auténtico ante las personas, delante de los chavales.

 

-Trabaja más por vocación que por profesión.

 

-«Pasa» de la seguridad ciudadana, no es su tema. Para él lo más importante es el desarrollo integral del chaval.

 

-Toma opción por el más débil.

 

-Está integrado en el barrio, participando en las entidades ciudadanas.

 

-Está capacitado para: las relaciones humanas, la comunicación y el diálogo, la escucha, superar dificultades, analizar, planificar, reflexionar, concretar sus pretensiones...

 

-Tiene capacidad de acogida: apertura, disponibilidad, aceptación del grupo, confianza en el grupo y en las personas, desinterés, sinceridad, respeto, discreción. amabilidad, simpatía, empatía, vitalidad, dinamismo, sentido del humor, optimismo, imaginación, creatividad, madurez emocional, control, equilibrio, confianza en sí mismo, tolerancia a la frustración, carácter firme, espíritu democrático.

 

-Inteligencia despierta, objetividad, responsabilidad, capacidad de iniciativa, sentido común, capacidad de adaptación, voluntad de perfeccionamiento, intuición, tacto.

 

-Transparencia y autententicidad, paciencia histórica, honestidad personal...

 

 

 

Podríamos resumir los tres ejes en los que el Educador basa su acción:

 

 

 

CONFIANZA/CONVIVENCIA:

 

Potenciando la integración, el respeto, la confianza, el diálogo y la resolución de conflictos de forma pacífica.

 

 

 

PRESENCIA EDUCATIVA:

 

A través de la presencia acogedora, amistosa, respetuosa... para que el joven valore la vida, asuma compromisos... Todos podemos aportar y aprender de este proceso.

 

 

 

PARTICIPACIÓN/TOLERANCIA

Que los jóvenes reflexionen para que se involucren en construir solidariamente una vida más digna.

 




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